¿Te ha pasado que te colocas la crema de alguien más, y te parece muy pesada para tu piel? O por el contrario, ¿has usado cremas que sientes que no te hicieron nada en la piel? Si tu respuesta es sí a alguna de estas preguntas, es porque estás dándole (o no) a tu piel un producto que es (o no) el incorrecto. Aquí te explico un poco mejor:

Hidratación

Cuando hablamos de este término, nos referimos a la cantidad de agua que hay en el cuerpo y a su vez en la piel. Si estas deshidratado, porque no tomas agua ni una vez al día, es muy probable que tu piel también lo esté. Si eres una persona que consume agua (no solo es tomarla, también comerla, como en frutas y verduras), seguramente tienes menos resequedad en la piel que una persona que no lo hace.

Entonces, a las pieles con bajos niveles de agua, hay que darles un cuidado en base a esa carencia: mantener o aumentar los niveles de agua.

Humectación

Hace referencia a la falta de lípidos en la piel. Suele ser usado por personas mayores, que pierden nutrientes en la piel con el pasar de los años o incluso personas jóvenes con tendencia a resequedad. Cuando te faltan sustancias a la piel, es necesario dárselas con un factor externo: humectantes (hay cremas, sérum, mascarillas, etc.). Estos cumplen la función de absorber y retener el agua la mayor cantidad de tiempo en la piel.

Después de haber leído esto, seguramente entiendes por qué hay cremas para varios tipos de piel y si usaste alguno que no te funcionó, es porque no era para tu tipo de piel. Cada piel tiene distintas necesidades y no todos usamos lo mismo. Lo importante es conocer tu tipo de piel y qué necesidades tiene, para saber responder a ellas con productos adecuados.