A las generaciones nacidas entre finales de los 80 y principios de los años 90 catalogadas como “millennials”  Se nos describe, entre varias cosas,  como una generación inconformista ante los límites y de la sexualidad. Y como marica intelectual que soy me he preguntado ¿A a qué parte de la cultura globalizada que nos moldeó le debemos esto?

Muchxs de nosotrxs sin  duda fuimos las primeras generaciones de jóvenes occidentales entrar en contacto con el animé (género de animación japonesa surgido a finales de los años 60), como parte de la exportación cultural masiva que hizo Japón durante esa década. Series como Sailor Moon, Caballeros del Zodíaco, o Sakura Cardcaptors, transmitieron a generaciones enteras de niñxs, relaciones románticas entre personajes del mismo sexo, o personajes cuya apariencia presentaba marcados rasgos andróginos, desafiando la percepción binaria del género de manera contundente ¿Quién de nosotros putitos no jugó a ser una Sailor Scout? O nos pasaba que no sabíamos si Sailor Uranus era hombre o mujer, pero tampoco nos importaba mucho, solo nos importaba lo enamoradx que estaba de Sailor Neptune (En Estados Unidos lo quisieron arreglar diciendo que eran primas… ¡El nivel de incesto!)

La androginia es uno de los elementos más usados en el animé

Pero eso no es lo único que nos ha dejado la cultura audiovisual nipona:

El manga es el comic tradicional japonés surgido después de la Segunda Guerra Mundial. La palabra significa “dibujos informales”. Abarcan un sin fin de géneros y la especificidad de estos es una de las principales diferencias con los comics estadounidenses. Podemos encontrar un género únicamente destinado a las relaciones homosexuales (yaoi) y otro destinado únicamente a las relaciones lésbicas (yuri) en los que el romance y los sentimientos de desenvuelven con total naturalidad

                                                                                  Yaoi y Yuri. Este género de mangas suelen también animarse para series

El cosplay, contracción de las palabras costume play (interpretar disfrazado) es una subcultura surgida durante la década de los 70 basada en el uso de prendas, accesorios o disfraces representativos de personajes de series, comics, mangas, libros, películas o videojuegos. Hoy, la industria del cosplay inspira modas, concursos, y lugares de socialización propios, e incluso variantes propias como el crossplay que se basa en la interpretación de roles de género opuestos con un elemento constante de erotismo. Es también una representación exagerada del drag que apunta a la creación de un humor visual. Si bien el más difundido es el crossplay de chicas representando personajes masculinos, ya que patriarcado sexual en Japón, pesa más sobre los hombres que sobre las mujeres en estos casos.

                        

Con todo esto no quiero decir que los japoneses nos hayan degenerado (¿o si?) pero si quiero hacer notar de que forma su cultura audiovisual y gráfica de masas han contribuido en la percepción del género y la sexualidad que caracteriza a muchxs de nosotrxs “milennials” (por cierto, la próxima vez que escriba sobre ese término, será para defenestrarlo)