El rol del hombre en las relaciones y la sociedad ha sido el de la figura ruda, preparada para matar o morir y que aguanta todo tipo de trabajos. Durante tanto tiempo hemos sido embrutecidos y sometidos a la culpa y la vergüenza por sentir. Nos engañaron y vendieron un papel que en lugar de beneficiarnos, nos perjudica. Quizás no físicamente, pero si psicológica y emocionalmente. Te preguntarás entonces: ¿qué debemos hacer los hombres hoy en día?

No se trata de ser víctimas de una marea de feministas, porque en el punto medio de esta corriente, los hombres también somos beneficiados. Porque el rosa es un color, no un sexo; la música es un gusto, no una tendencia seguida por tu género y la ropa que usas, no determina quién eres.

Nos escondemos, incluso entre gays, de lo que represente un poquito de feminidad. No eres más hombre si vas al gimnasio, usas traje y corbata, juegas al fútbol o tienes muchas amigas, por no caer en otros temas… Tampoco eres menos hombre por usar tacos y falda, pintarte las uñas o usar aros.

Esta forma de vida solo nos ha empujado hacia un abismo de emociones desencontradas. No sabemos escucharnos, sentirnos ni mucho menos disfrutarnos. No sabemos qué queremos, porque apenas dudamos, nos asustamos pensando: “Ay, yo no soy gay”.

Y es que este no es un tema de los gays, es un tema de los seres humanos. Lo he visto en todo tipo de relaciones, desde el trabajo hasta las familias. Ser hombre te otorga una lista de tareas y emociones que puedes y no puedes hacer, porque el resto “son cosas de mujeres”. Si demuestras mucho, eres esto, si no demuestras nada, eres aquello.

Lo vemos en la moda, en las redes sociales y la TV todos los días, porque hay publicidades del hogar, donde aparecen solo mujeres, jamás un hombre; las cremas antiedad son las que usa la señora, el señor jamás; el concurso de Instagram es de bikinis, pero si eres hombre y participas tienes menos probabilidades de ganar que una chica, porque no tienes familiares mujeres, novia o amigas a las que regalarles.

La respuesta está dentro de ti, tus sentimientos y emociones han sido reprimidos por parámetros que quién sabe quién impuso, por qué y cómo, pero ha calado tanto en nuestras vidas que hasta nosotros mismos nos cuestionamos y castigamos cada vez que se asoma la posibilidad de ser “vulnerables” si así se quiere llamar. Expresa lo que sientas, haz contacto con tu ternura, dile a tus amigos que los quieres, abrazalos, bésalos, llora, sonríe, vístete como te gusta, maquíllate, cambia de look semanalmente o engánchate con una novela. Al final, son experiencias que nos enriquecen como personas y son esas las que vamos a llevar a la tumba.

¿Te sientes ahogado en tus sentimientos y no sabes cómo manifestarlo? Dejame un comentario y seguro tendremos una charla sobre esto.