Imagina que tu y yo estamos juntos en una habitación blanca de amplios ventanales, que me encantan; hay cortinas de organza que vuelan por el viento, pues es primavera mi amor, yo soy de Caracas y ahí todo el año es primavera, digamos… así que estamos en mi ciudad (bienvenido/a). La cama sobre una alfombra de pelos obviamente artificial, porque la compré en el Cementerio (algo así como Avellaneda en Buenos Aires); es lo único que hay, para tener espacio para mover, combinar y ordenar.

Nos sentamos en la cama, yo me acerco la laptop que estaba sobre ella, tecleo un par de cosas y me siento a escribirte esto, porque no podemos hablar (hay tanta paz, que nos contagiamos y ni siquiera queremos hacerlo). Tú solo lees.

Este es el lugar en el que me imagino cada vez que cuento un secreto a alguien, un lugar seguro, mi lugar. Allí puedo combinar las formas de cómo contarlo, porque nunca hay una versión, constantemente lo tengo presente. Ordeno mis ideas para hacerlo llegar porque a veces se ríen, no me creen o me preguntan cosas que ni yo sé cómo responder sobre él. ¿Sabías que todo lo que te propongas en tu vida lo puedes alcanzar? No es algo con lo que cumples y haces un check mark en la lista. Se trata del día a día, de esos pequeños pasos que damos sin saber muy bien dónde terminaremos con nuestras acciones. La parte difícil es: mantenerlo en el presente.

Cuando me mudé a esta Ciudad me tropecé una y otra vez con pensamientos que me dejaban conformarme con lo que tenía en frente: una cama, comida, techo, trabajo, amigos, una pareja estable, etc. Esa sensación de que todo en mi vida estaba bien, pero en realidad no, porque yo acababa de salir de un mundo de situaciones (Venezuela), ¿cómo todo iba a estar bien? ¿mi vida termina aquí?

Claro, me perdí. Lo descubrí después de algunos saltos. Me perdí en un mar de nostalgia, experiencias nuevas, inseguridades, madurez, la vida. Porque cada vez, eso que me conformaba, me destruía. Sentía que todos los días de mi vida se repetían, como en el infierno de AHS 8, en el que una y otra vez se repite la misma escena, hasta que viene alguien y te salva. En este caso ese alguien era yo mismo. Creo que siempre somos nosotros los que nos damos cachetadas en nuestro infierno, hasta que decidimos reaccionar.

Pero, ¿por qué digo que me pegué cachetadas? Cuando me di cuenta de que la manera en la que pensaba solo me dejaba en el mismo lugar, probé variar. Entonces, cree esta habitación de la que te hablé unos párrafos atrás. Solo que no era como te la pinté. En ese momento tenía miles de frases que una y otra vez leía (en mi mente), mientras miraba por la ventana abierta, para hacerme entender que con mis pensamientos, podía atraer todo lo que estaba escrito ahí. Había de todo, insultos, frases motivacionales, prejuicios, miedos, verguenza, mucha info que fui sacando de mi discurso interno y manteniendo el aprendizaje que me dejó.

De a poco me convencí de esto, pues todo lo que pensaba llegaba a mi vida en otros aspectos, pero el shock más grande fue cuando me mudé a mi primer departamento. Pues era un edificio de oficinas, bastante tranquilo, como esta habitación blanca, espacioso, luminoso y con una ventana que media aprox 3-4 m. Es decir, la ventana se materializó.

La habitación de la que te hablé, estaba cada vez más limpia, ordenada y ventilada. La remodelé y me la disfruté. Me tocó mudarme y sorpresa: tenía no uno, sino dos ventanales casi de la misma medida en el nuevo lugar. Ahí paré y dije: ya va… Esto está raro. Porque en el departamento que vivo actualmente (me volví a mudar), tengo un ventanal, que no es como el anterior, ni el anterior, pero es grande, me gusta más por las medidas, vista y espacio que tiene.

Me cayeron las fichas… Fue como wow. Te digo este ejemplo tan tonto, porque el lugar mental que cree para deconstruirme (y lo sigo haciendo), siempre tuvo una ventana muy grande y lo que siempre atraigo ahora, son lugares con ventanas como esas. Inconscientemente. Porque no para mi es un requisito, o quizás sí, pero no es como la prioridad a la hora de escoger un lugar donde vivir.

Aunque ahora estoy muy bien y contento con lo poco que tengo (nunca hay que conformarse), sé que en algún momento el ventanal será mío de la manera en la que lo miro, no solo a nivel material sino también emocional y psicológico. Sé, también, que tú puedes tener un ventanal y miles de cosas más, si crees que lo mereces. Nadie te va a dar lo que no te has dado tu primero. Si sabes de lo que eres capaz, demuestratelo a ti. Si crees que lo mereces, lo tienes. Ya es tuyo. Disfrútalo. No importa el ventanal de al lado, ni el del frente. Importa el tuyo, las palabras que lees en tus paredes y de qué colores pintas tu habitación.

Cada día lo confirmo más

Me pasó con el lanzamiento de la página web. Todo fue creer que yo merecía ser libre, usar tacos, maquillarme, festejar, comunicar, aprender y enseñar. Hoy, es lo que vivo todos los días. Lo decreté: soy libre, me lo merezco, soy capaz, lo tengo y la que nunca falta: gracias. Agradecer constantemente es una tarea que cuesta, pero que una vez la aplicas te lleva a lugares que no puedes imaginar. Después te contaré más de esto.

No pudo haber sido mejor. Si quieres saber cómo lo logré hacer una fiesta de lanzamiento, haz click aquí.

Entonces, mi secreto es la Ley de la atracción. Funciona.

Y el tuyo, ¿me lo cuentas?